Bienvenidos


Me siento como abriendo algo más íntimo que la puerta de mi casa. Pero disfruten del patio y de todas sus dependencias. ¿O acaso no es así?


lunes, 18 de junio de 2007

ÉL


Dos tardes atrás María me observaba, decidí simular que no me daba cuenta. Horas después, la vi recostada en el camastro, parecía desamparada. Hubiera querido abrazarla.
Picado de curiosidad, inicié, ayer a la noche, un camino repetitivo de la mesa de trabajo al visor de Marcos, y de allí al visor de María. Recordé y traté de imaginar los sitios que me gustaría mostrarle a ella y vi con nitidez asombrosa la tenue llovizna cayéndole en la cara, y yo la besaba. Sospeché que aunque me perdiera en el tiempo, siempre recordaría ese momento.
Desde entonces creo escuchar su voz, siento su perfume, me mojo los labios y me los muerdo. Sobre un costado del escritorio imagino sus piernas cruzadas. Con certeza puedo decir que eso sucedió anoche. Allí. Se levantó. Corrió la silla. Dio unos pasos y dijo una balada. Como un viento muy suave, su voz, me recorrió el cuerpo. Miré sus labios, el escote profundo y el lunar casi al borde de la tela.
Escogí los rasgos más precisos y la más secreta abstracción de mi deseo. De todos modos, no es posible traslucir ni traspasar la memoria particular por lo que esto es sólo una inútil ceremonia sin importancia. Pero, ¿cómo rechazar la memoria familiar y las huellas indelebles del lunar en el escote? Dentro de algunos años, imágenes de este encuentro serán fragmentarias y distintas para ambos, y maldigo la nostalgia que me seguirá por siempre.

2 comentarios:

... dijo...

Este realmente me gustó mucho.^^

Sonia Álvarez dijo...

Agregué un dibujo de Milos Manara. ¿No es genial?